Ica potencia productiva 2026: El reto no es producir, es sostener el crecimiento

Ica potencia productiva 2026

Ica no necesita descubrir su vocación: ya produce, ya exporta y ya genera empleo. El desafío real es sostener ese crecimiento con reglas claras y condiciones estables, porque cuando la informalidad, la inseguridad jurídica o la falta de infraestructura aparecen, el progreso se frena y el costo lo asumen los trabajadores, las familias y los pequeños productores.

Por eso, hablar de “potencia productiva” es hablar de una región que requiere un salto de calidad: menos trabas, más previsión, y un Estado que acompañe al ciudadano que emprende. Esta mirada encaja con la visión de Carlos de impulsar modernización del Estado y seguridad jurídica como bases del progreso regional.

Agricultura

La agricultura iqueña es un motor económico, pero depende de dos pilares, acceso al agua y predictibilidad. Sin seguridad hídrica, cada campaña se vuelve una apuesta; sin reglas claras, la inversión se encarece y se vuelve más difícil planificar empleo, tecnología y expansión productiva.

El enfoque debe ser estructural, soluciones hídricas sostenibles y marcos normativos que den continuidad. En mi propuesta, la prioridad hídrica y su tratamiento como decisión de interés nacional apunta justamente a asegurar condiciones para que la región no dependa de la improvisación.

Pesca

La pesca puede generar más valor si se ordena con enfoque productivo y formal. Cuando la actividad opera con incertidumbre o sin herramientas adecuadas, se pierde competitividad y se limita el crecimiento de cadenas que podrían dar más empleo y mejores ingresos a las familias vinculadas al mar.

Ordenar no es castigar, es crear reglas simples y ejecutables, con trazabilidad, infraestructura básica y rutas claras para formalizar. Un Estado eficiente, que coordine y no estorbe, puede convertir un sector con potencial en un sector con futuro, especialmente cuando la gestión pública se orienta a resultados.

Agroindustria

La agroindustria es la oportunidad de que no solo produzca, sino que transforme, innove y escale. El valor agregado se traduce en empleo más especializado, mejores salarios y mayor resiliencia económica frente a crisis, siempre que existan condiciones mínimas: infraestructura, energía, logística y estabilidad regulatoria.

Aquí, la seguridad jurídica vuelve a ser clave, inversiones de mediano y largo plazo no caminan con incertidumbre. La “certeza jurídica” y modernización del Estado es especialmente potente para impulsar una agroindustria que crezca con formalidad y competitividad, sin depender del asistencialismo.

Seguridad jurídica y Estado moderno

Agricultura, pesca y agroindustria pueden crecer más si comparten una misma base: reglas claras, trámites simples y transparencia. Cuando la gestión pública se digitaliza, se mide y rinde cuentas, se reduce la discrecionalidad y se acelera lo importante: permisos, inversiones, proyectos y servicios.

Imagen de Carlos Zegarra

Carlos Zegarra

Ingeniero de Sistemas y Doctor en Educación