2026: Arequipa bajo lodo y la respuesta que no puede esperar

Arequipa bajo lodo

En estos últimos días, Arequipa no está viviendo una “temporada de lluvias” cualquiera. Está viviendo desbordes de torrenteras, viviendas inundadas con lodo y piedras y familias que, en cuestión de minutos, pasaron de la rutina a la angustia. Lo ocurrido este domingo y la continuidad del riesgo han dejado distritos golpeados y vecinos exhaustos, tratando de rescatar lo que se pueda y de cuidar a los suyos en medio de la incertidumbre.

Lo digo con respeto y con empatía. Detrás de cada puerta llena de barro hay una historia de esfuerzo, y detrás de cada calle bloqueada hay trabajo perdido, consultas médicas postergadas y miedo acumulado. También se ha reportado la activación de quebradas y lahares asociados al Misti, y eso nos recuerda que el peligro no está solo en la lluvia, sino en lo que arrastra y en cómo impacta una ciudad que no puede permitirse fallas de coordinación.

Lo que advierte la información oficial para hoy

Para este lunes 23 de febrero, la prudencia no es exageración, es sentido común. El aviso de corto plazo de Senamhi para Arequipa advierte precipitaciones acumuladas en 24 horas que pueden ser de intensidad extrema y que pueden producir inundaciones pluviales. Además, señala fenómenos asociados como descargas eléctricas, vientos fuertes y granizo, un combo que empeora la situación en quebradas, laderas y puntos de drenaje.

Esto tiene una consecuencia directa: la respuesta no puede esperar a “ver qué pasa”. Cuando una entidad oficial advierte riesgo de aniegos e inundaciones, lo responsable es actuar antes, comunicar con claridad y reducir exposición. Significa ordenar el tránsito donde sea necesario, restringir zonas peligrosas si corresponde, y asegurar que la población sepa a quién llamar y dónde acudir si vuelve a activarse una torrentera.

Responder con humanidad, no solo con maquinaria

En una emergencia así, la prioridad es la gente. No basta con mover escombros si una familia duerme sin agua segura, sin abrigo o sin un lugar digno para pasar la noche. Hay niños, adultos mayores y personas con enfermedades que son los primeros en sufrir cuando el barro entra a la casa y cuando el miedo se instala. Y a la vez, hay comerciantes y trabajadores que pierden ingresos diarios y quedan atrapados entre la urgencia y la falta de condiciones mínimas para retomar la vida.

Por eso la respuesta debe ser concreta y cercana: albergues temporales que funcionen de verdad, atención médica y apoyo emocional donde se necesite, distribución ordenada de ayuda, y un padrón transparente para que nadie quede fuera y para que nadie se aproveche. Cuando la gente ve presencia sostenida y una autoridad que coordina, baja la ansiedad y sube la capacidad de recuperación. Cuando ve confusión, se multiplica el dolor.

La prevención es la única manera de que esto no se repita

Arequipa no puede resignarse a vivir con el barro como parte del calendario. Las torrenteras y quebradas deben tratarse como infraestructura de seguridad pública, con mantenimiento permanente, limpieza preventiva y control de puntos críticos, no solo intervención cuando ya colapsó todo. Si a eso se suma un crecimiento urbano sin orden, el riesgo se vuelve crónico, y la catástrofe deja de ser posibilidad para convertirse en amenaza repetida.

Yo creo en una gestión que mide resultados, no intenciones. Hoy toca actuar con urgencia y humanidad, y en paralelo dejar instaladas decisiones que reduzcan el riesgo antes del próximo episodio. Si sabemos que el peligro existe y la información oficial lo confirma, entonces el Estado tiene el deber de anticipar, proteger y acompañar. Lo mínimo que merece Arequipa, en estos días difíciles, es una respuesta que esté a la altura del coraje de su gente.

Imagen de Carlos Zegarra

Carlos Zegarra

Ingeniero de Sistemas y Doctor en Educación